domingo, 1 de mayo de 2011

Mercedes Perez Oliva es defensora del léctor en El País, y éste es un diario con domicilio social en Madrid, al que los madridistas le exigen parcialidad. Una sola palabra: increíble.

El País

 

TRIBUNA: MILAGROS PÉREZ OLIVA

Pasión y furia en el fútbol

DEFENSORA DEL LECTOR. Un artículo en el que se mezcla deporte y política provoca quejas. La creciente polarización en la competición futbolística dificulta la ecuanimidad en la información

MILAGROS PÉREZ OLIVA 01/05/2011
Vota
Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 118 votos
Imprimir Enviar
  •  
  •  
  •  
 
Los lectores pueden dirigirse a la Defensora del Lector al correo electrónico defensora@elpais.es o telefonear al número 913 378 200.
La lucha entre el Real Madrid y el Barça por los principales trofeos del fútbol español y europeo ha elevado la temperatura deportiva hasta niveles sofocantes, como pudimos ver el miércoles en el Bernabéu. Y una parte de la tensión se ha trasladado al buzón de la Defensora del Lector. El artículo Arbeloa. Y Mayor Oreja, de José María Izquierdo, ha molestado a muchos lectores por decir que el jugador Álvaro Arbeloa representó, en la final de la Copa del Rey, "el más llamativo aspecto del villano, ese que con tanto empeño persigue como referente, honra y prez de su concepción del fútbol, y me temo que de la vida, ese personaje abyecto que es José Mourinho"; por referirse al entrenador como "ese tipo despreciable que corrompe todo lo que toca", "el auténtico Hannibal Lecter" que "inocula aires sanguinarios" a sus jugadores, y por comparar la estrategia de Mourinho con la de Jaime Mayor Oreja y otros dirigentes del PP en relación al terrorismo.

      La noticia en otros webs

      Algunas acusaciones de parcialidad pretenden generar autocensura
      Inmediatamente, lectores como Antonio Varo Baena, José Manuel Grande, Gonzalo Mora, Fátima Lillo, Maribel Arias y Manuel Rodríguez Pasqual, entre otros, escribieron para quejarse. En primer lugar, por las expresiones utilizadas. "Esas formas dañan muchos años de buen estilo y esfuerzo por la ecuanimidad", escribe Ramón Oria. "Alguien que en su blog (El Ojo Izquierdo) se dedica a denunciar los excesos lingüísticos e ideológicos de otros propagandistas con carné de periodista, no debería caer en esos mismos excesos", añade Eduardo López. Y en segundo lugar, por mezclar fútbol y política. Diego Artola lo expresa así: "Considero al autor un analista de política agudo, pero no se puede politizar todo. Es más, hay que tratar de no politizarlo todo, por higiene mental. La politización del deporte, además de ser peligrosa, es demagógica. Somos muchos los que estamos saturados". "No se puede mezclar el peor fútbol con la política. Es decepcionante que se publiquen este tipo de artículos en EL PAÍS", insiste Juan Ignacio Martínez Pastor, profesor de Sociología de la UNED.
      José María Izquierdo responde: "Respeto absolutamente todas y cada una de las opiniones de los lectores, a las que doy un gran valor, sobre mi comentario. Solo les recuerdo que era un artículo de opinión. Les ruego que lo interpreten como tal".
      Las opiniones de José María Izquierdo están amparadas, desde luego, por la libertad de expresión. Pero creo que las formas también importan. Por otra parte, publicar un artículo tan político en Deportes, una decisión que no depende de los responsables de esta sección, sino de la dirección, no parece el mejor camino para evitar la politización del fútbol, algo que muchos lectores deploran. No se me escapa, sin embargo, que una parte de las quejas recibidas con acusaciones de parcialidad antimadridista y no poca furia, no pretenden precisamente huir de la politización, sino abundar en ella.Pertenecen, según he podido comprobar, a una corriente de opinión que considera que EL PAÍS, como diario de Madrid, debería apoyar incondicionalmente al Real Madrid como el genuino representante de España frente al "nacionalismo antiespañol del Barça", en palabras de uno de los remitentes, que no se identifica.
      Algunas de estas cartas, coincidentes con opiniones expresadas en otros foros del diario, pueden ser interpretadas como un intento de presionar a EL PAÍS por procedimientos similares a los que utiliza José Mourinho para tratar de condicionar a los árbitros. Las acusaciones genéricas de parcialidad antimadridista, ya sean contra árbitros o contra periodistas, repetidas una y otra vez, pueden proporcionar claros beneficios a quienes las lanzan pues su propósito es lograr conductas de inhibición o autocensura, y muchas veces lo consiguen. Quiero salir al paso de estas acusaciones y exponerles los criterios que se aplican en la sección de Deportes. Lo primero que señala su redactor jefe, José Sámano, es que "en esta sección, como en las del resto del periódico, no hay posiciones fijas, ni a favor ni en contra de ningún club. Los periodistas cuentan lo que saben y ven, y los analistas enjuician lo que ocurre de acuerdo a su criterio". Por otra parte, EL PAÍS es un diario de Madrid, pero también de Barcelona y de Sevilla y del resto de España. Por eso nunca hace dobles versiones de las crónicas de los partidos. Tanto José Sámano como Ramon Besa, redactor jefe de Deportes en Cataluña, insisten en ello porque es una opción estratégica. Significa una voluntad explícita de no caer en el atrincheramiento deportivo.
      El segundo criterio es defender un determinado estilo de hacer deporte. Hay una forma de entender el fútbol (y también la política como bien señala Izquierdo) en la que todo vale -incluso no jugar o jugar sucio pudiendo jugar bien y limpio- con tal de anular al contrincante y obtener unos resultados. Y hay otra manera, basada en el juego limpio y el respeto al contrincante, que es la que todo el mundo pudo ver en la final de la Copa del Mundo.
      El espíritu de La Roja es el que se defiende en las páginas de EL PAÍS, sin dejar de respetar por ello a quienes practican otros estilos. José Sámano lo explica así: "Los clubes tienen su propia cuenta de resultados deportivos y en el fútbol español el estilo ha sido siempre una cuestión relevante, ya fuera el fútbol hedonista de La Quinta del Buitre, el Superdepor, el Barça actual o el Villarreal, por citar algunos ejemplos. La relevancia del estilo se puso de manifiesto con la selección española, de la que se valoraron tanto sus victorias en la Eurocopa de 2008 y el Mundial de 2010 como la distinguida forma de conseguirlas, lo que supuso un orgullo añadido para la mayoría de los aficionados. Por el buen juego, el comportamiento ejemplar del grupo".
      ¿Dónde está aquel espíritu de La Roja que todos ensalzaban? ¿Quién encarna esos valores? Creo que estas preguntas son muy pertinentes. Pero los factores extradeportivos pesan cada vez más. En un contexto de polarización y creciente politización, la pretensión de ecuanimidad resulta a veces incómoda para los periodistas templados, porque han de ir contracorriente de lo que se practica en una parte importante de los medios y programas deportivos, y decepcionante para algunos lectores, a quienes les gustaría que el diario defendiera los colores de su club con la misma pasión con que ellos lo hacen.
      En una lectura dominada por la pasión, cualquier titular, cualquier crítica, pueden ser interpretados como una muestra de parcialidad. Vean dos ejemplos. El miércoles, la portada del diario publicaba una gran foto de Josep Guardiola, entrenador del FC Barcelona con la frase "Mourinho es el puto amo". Josep Botifoll llamó a la Defensora para quejarse. "¿Le parece a usted justo que por una vez que Guardiola rompe su estilo, tenga que ir la portada, cuando Mourinho no para de insultar y de provocar?". Pero las palabras de Guardiola, y así se lo expliqué al lector, eran noticia precisamente por la ruptura que suponían.
      El jueves recibí una carta de Jesús Rodríguez Calderón. Afirmaba que "no es normal que en los enfrentamientos Barça-Real Madrid, este acabe casi siempre con un jugador menos". "¿Por qué?", preguntaba, emulando las palabras de Mourinho tras el encuentro del Bernabéu. "¿Por qué la prensa de Madrid no es un poco más justa con el Real Madrid?", insistía. Pero la pregunta también podría ser: ¿No será la dureza y la estrategia obstruccionista del juego la que provoca que, no solo el Real Madrid sino otros equipos entrenados por Mourinho, hayan acabado con tanta frecuencia y con tantos árbitros distintos con un jugador expulsado?
      A veces se producen desequilibrios que alimentan las sospechas, pero no son imputables al diario. Por ejemplo, el Real Madrid rechaza con frecuencia que sus jugadores concedan entrevistas o hagan ruedas de prensa. ¿Debe el diario por ello dejar de dar entrevistas o declaraciones de los jugadores del Barça para no ser acusados de parcialidad? De ninguna manera.
      El fútbol mueve pasiones, y a veces furia, pero los seguidores de cualquier club no deben esperar por ello que la sección de Deportes aplique criterios distintos a los que se aplican en otras secciones. Aplica exactamente los mismos.

      Esta vez no vamos a añadir una sola palabra

      El País


      Arbeloa. Y Mayor Oreja

      JOSÉ MARÍA IZQUIERDO - Madrid - 23/04/2011
      Vota
      Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteMuy interesante 5097 votos
      Imprimir Enviar
      •  
      •  
      •  
       
      Álvaro Arbeloa, salmantino, 28 años, defensa derecho del Real Madrid, representó el miércoles pasado, en el partido de la final de la Copa del Rey frente al FC Barcelona, el más llamativo aspecto del villano, ése que con tanto empeño persigue como referente, honra y prez de su concepción del fútbol, y me temo que de la vida, ese personaje abyecto que es José Mourinho, portugués de Setúbal. Con las cámaras de televisión teledirigidas a los pies de Arbeloa, se vio a la perfección cómo este agradable muchacho, de aspecto distinguido y maneras educadas, hundía con saña, a la vez que disimulaba con alevosía, los tacos de su bota en la pierna de David Villa, 29 años, para más deshonra compañero suyo en la selección nacional. ¿Obnubilación? En la segunda parte, en la línea de banda que le correspondía por alineación, golpeó en la pierna, al descubierto, al brasileño Adriano que, asombrado, vio cómo el joven Arbeloa, ya hemos dicho que distinguido y educado, subía a continuación la pierna y le propinaba una ominosa patada en salvas sean las partes. De nuevo, la televisión nos mostró la cara del agresor -"esto es la guerra", decía- y la del agredido, que apenas si podía salir del asombro que le causó el comportamiento de su contrincante.

          La noticia en otros webs

          Podríamos señalar, por el contrario, cómo el malencarado Javier Mascherano, 27 años, navajero de pro como mandan los cánones en cualquier mediocampista argentino, que ha dejado la muesca de sus tacos en media Liga inglesa, hizo en todo el partido del miércoles, 120 minutos, ¡una sola falta!, y eso que jugó de defensa central, el puesto más proclive a rebañar tibias, tobillos y lo que se tercie, como bien saben y todo el mundo reconoce, excepto los árbitros, Pepe o Sergio Ramos. Lo demagógico sería decir que un joven de buena familia y mejores sentimientos se convierte en un émulo de Hannibal Lecter porque tiene al auténtico Hannibal Lecter de entrenador, guarda de la jaula y sicólogo conductista. Alguien que le inocula ánimo de victoria, dice Lucifer, aires sanguinarios dice cualquiera con dos dedos de frente. Por contra, el sicario Mascherano, dientes y tacos afilados, se mueve desde que llegó al equipo donde ahora milita en un entorno más civilizado, donde se hacen faltas, claro, y en ocasiones horrorosas, pero que no se jalean con grandes alharacas por el jefe de la cuadrilla de la porra como demostraciones de hombría y valor. ¿Demagógico? Cierto, por lo menos, ya es.
          ¿Es Mourinho, ese tipo despreciable que corrompe todo lo que toca, desde el fútbol 'a la italiana' a las reacciones descontroladas de los jugadores, desde el sentido del deporte al victimismo ridículo, de la actitud chulesca e intimidante con los árbitros a las relaciones con la prensa, a la que humilla y degrada? Tal que Jaime Mayor Oreja con sus toneladas de despreciable basura en los volquetes que llena para descargarlos en los alrededores del ministro del Interior y, por extensión, en los del Gobierno en pleno. Recluido ya en los medios de extrema derecha, el exministro del Interior, tan demócrata y tan cristiano, no tiene el menor empacho en utilizar el terrorismo como arma de destrucción del enemigo. Que para él no hay adversarios.
          Y si en ambos casos los ejecutores del tajo y la bazofia son quienes hemos citado con nombre y apellido, qué duda cabe, muchos les acompañan en la complacencia del silencio, cuando menos, o del apoyo más o menos directo cuando más. Florentino Pérez, Jorge Valdano o los jugadores que no recriminan a Pepe la entrada alevosa a Messi deben llevarse la parte alícuota de la vergüenza. Como Mariano Rajoy o Dolores de Cospedal, tan contentos y sonrientes de que sus licántropos les hagan el juego sucio mientras ellos fungen, o lo intentan, que ya no cuela, de amigables centristas.
          Cómplice, RAE: "Participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas".

          Lo crean ustedes o no, John Carlin, el magnífico escritor y periodista inglés, autor de INVICTUS, es un furibundo fan madridista

          El País, JOHN CARLIN FÚTBOL - 34ª jornada de Liga

          Ser o no ser, esa es la cuestión

          JOHN CARLIN 01/05/2011
          Vota
          Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 631 votos
          Imprimir Enviar
          •  
          •  
          •  
           
          - "¡Ay, no dejes que me vuelva loco! ¡Loco, no, santo cielo!".

            La noticia en otros webs

            Mou creía que actuaba en una tragedia épica y no en una comedia protagonizada por Pepe
            -Rey Lear, de Shakespeare.
            El famoso futbolero Albert Camus, también conocido como novelista y filósofo, propone que la única pregunta realmente seria es si uno debería o no suicidarse. Si viviese hoy, reconocería que ha surgido otra fundamental, también relacionada con el suicidio: ¿Comparte la cúpula del Real Madrid los criterios de su entrenador, José Mourinho? O, para plantearlo de otra manera: ¿Han caído todos en la locura o queda en el Bernabéu algún rayo de luz?
            No nos referimos a la filosofía de juego del equipo. Optar por una estrategia de destrucción en vez de creación, de pelotazo en vez de posesión, y considerar que un 0-0 en casa en el partido de ida de una semifinal de la Champions es un objetivo digno de celebrar no es nada nuevo en el fútbol ni tampoco irracional si se parte de la premisa -la admirablemente humilde premisa- de que el rival es muy grande y la única forma de oponerse a él es jugando como un equipo pequeño.
            No. Hablamos de las declaraciones de Mourinho después de que sus planes para un empate a cero contra el Barça se torcieran y su equipo perdiese por 0-2. El contexto fue una rueda de prensa, pero, salvo el sector Torrente de la afición madridista, cualquier observador medianamente lúcido habría entendido que esa no fue la denominación indicada para describir semejante coloquio. Se trataba de una intensísima sesión de psicoterapia que debería haber permanecido en privado, entre paciente y médico, pero fue transmitida en directo a millones de personas en todo el mundo.
            Eso sí, fue un espectáculo magnífico, aterrador, digno de una obra de Sófocles o de Shakespeare o de una novela de Dostoievski en la que el héroe, en un éxtasis de agonía existencial, clama contra el universo. El "¿por qué?" mourinhiano pasará a la leyenda junto a los gritos impotentes de Edipo, el rey Lear o Iván Karamazov ante la ciega injusticia celestial.
            La particular dificultad que nos plantea el monólogo de Mourinho, el aspecto psiquiátrico de la cuestión, radica en la desproporción entre causa y efecto. No acababa de descubrir que había matado a su padre, que sus hijas le habían usurpado el poder, que Dios no existía o que, aunque existiera, no podía alabarle, ya que permitía la muerte de los niños. No, no. Lo que le había abierto los ojos al horror de la condición humana fue la tarjeta roja que vio un joven llamado Pepe, castigado por un organismo de Naciones Unidas dedicado a aliviar el sufrimiento de los niños que Dios ha abandonado.
            Ante semejante calamidad, Mourinho tuvo una revelación. De repente, entendió que la vida carece de sentido, que todo es una broma, que el mundo es "un asco". Pero, trastornado por el poder absoluto, se había equivocado espectacularmente de escenario. Invadido por una mezcla tóxica de paranoia y egomanía, pensaba que estaba actuando en una tragedia de dimensiones épicas cuando se trataba de una comedia con un protagonista, repetimos, llamado Pepe.
            Lo que queda por ver ahora es si los mandatarios del Madrid se han percatado de esta grotesca realidad y si consideran que una entidad cuya imagen mundial ha sido al fútbol lo que el Rolls Royce es a los automóviles o la familia real británica a la aristocracia puede seguir con él al mando. De la señoría se ha pasado a la farsa y, por si alguien cree que estamos expresando una opinión idiosincrática o incluso original, échenle un vistazo a los diarios británicos, hasta esta semana admiradores casi incondicionales del entrenador portugués. Simon Barnes, del Times, por elegir un ejemplo, escribió que Mourinho se había revelado por lo que es, "el loco del metro" que cualquier día aparece en el andén y te dice que es Napoleón. "El Madrid ha caído en el ridículo", dice Barnes, laureado y veterano periodista deportivo, "y la imagen que transmite el club es mucho más tonta de la que vimos cuando fracasaba con sus anteriores entrenadores".
            ¿Se reconocerán en este espejo los otros amos del Madrid, los que Mourinho ha desplazado? ¿Harán algo al respecto? ¿O, contaminados de la enfermedad caligulesca del pobre hombre que han dotado de poderes sin límite, caerán en la inconsciencia de permitir que un grandioso club se desplome hacia el suicidio?